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Mensaje por Charlotte LeBlanc el Lun Ago 17, 2015 12:18 am

Spoiler:

El sol resplandecía como casi nunca en aquel frío y sobrio cuarto, la joven de resplandecientes cabellos celestes se encontraba arrodillada frente la pequeña ventana de su habitación, donde apenas se podía contemplar los rayos del sol por la mañana, sus manos estaban juntas, y su cabeza inclinada, no era extraño poder contemplar cada mañana y noche en esta posición de adoración a la muchacha,  al despertar procuraba agradecer un día más de vida al celestial, ella podía escuchar la voz del celestial susurrarle, dándole un gesto afectuoso, un saludo. Cada vez que tenía estas alucinaciones podía obtener mucho confort consigo misma, el dolor frecuente era liberado, la tensión se alejaba de ella, podría desarrollar actividades sin molestia, y su personalidad se encontraba normalmente estable a primeras horas del día. Su compañía, quien era la enfermera que le ayudaba a vestirse, alimentarse, cosas primordiales, tenía cierto beneficio y atenciones a pesar de su condición física y mental; aquella persona la tomaba de forma detestable, podía sentir su burla por su estado, una persona sin sentimientos por la humanidad, “Qué el celestial perdone tu podrida alma” se repetía la muchacha de cabellos celestes para sí misma, casi en un débil susurro. Después de cambiarse de manera adecuada, sus manos se acercaron a la pequeña tina de agua que se encontraba en el lugar, aseo su rostro y sus manos de manera rápida, a pesar del clima y el sol brillante, el agua se encontraba fría, tan fría como el lugar donde ahora era su hogar. Charlotte se perdió en sus pensamientos, sus ojos miraban en dirección de su propio reflejo en la pequeña tina de agua, atinó a mostrarse una sonrisa así misma, su reflejo se fue perdiendo en el agua, hasta poder contemplar el reflejo de su hermano, sus manos temblaron, retrocedió, tropezándose en su camino y cayendo al suelo, los gritos se podía escuchar provenientes de su habitación, sus manos temblorosas arañaban el suelo de forma descontrolada, logro ser calmada por su enfermera; extrañamente ¡Fue en tiempo récord! Lo logro de manera eficaz, ¿Cómo? Hoy vendría a visitarla su hermano ¿Hermano? ¿No estaba muerto? Eso es verdad, su cadáver probablemente esté en las fosas comunes del lugar.  Pero era algo que Charlotte no asimilaba, un tipo de bloqueo para evitar caerse más, ella solo razonaba y se planteaba la idea que su hermano estaba vivo.

Extendió una conversación larga con la enfermera, estaba ansiosa de ver a su hermano, era algo que esperaba siempre, poco después, casi antes de la hora de la merienda, se podía contemplar a una muchacha bastante peculiar, sus prendas eran las que usaban las ¿Monjas? Podría decirse que si, era algo que destacaba de la muchacha, no sé hacia a la idea de que fuera una enferma más, su recorrido se acortaba a medida que se acercaba con gran prisa hacia su destino, la área de visitas; pudo observar pocas personas, eran casi escasas, solo se encontraban dos enfermos, al parecer hablando con sus parientes cercanos, era extraño,
“Cuando ayudaba a los enfermos y niños, podía sentirse mucha felicidad, satisfacción aquí. Ahora se siente frío, al igual que todo el lugar”. Su enfermera sonrió de manera cínica, dejando a la muchacha en el lugar, pudo sentarse apenas en un mueble bastante antiguo, era algo incómodo al apoyarse en él, pero su emoción aun no desaparecía, como cada mes, ella esperaría la llegada de su hermano, no importa si cada vez no hubiera venido, la esperanza era algo que no moría en ella.  

Apego sus piernas, acomodándose el vestido, retirando cualquier marca de polvo o similar, sus manos estaban temblorosas a causa del nerviosismo,
¡Dios nunca defrauda a nadie! Si él está aquí, mi hermano lo estará ¿No es así? Charlotte había aprendido a refugiarse en los brazos de la oración ante cualquier decepción, se aferraba a la extinción de la oscuridad, a las personas de buen corazón. Además, todo iría bien, si no apareciera un conejo.  

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