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These voices call out to me, they're screaming out my name. [ID]

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Controllati
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Mensaje por Staffan K. Sikanen el Lun Ago 17, 2015 9:47 am

Staffan K. Sikanen
Staffan Karoliina Sikanen
19 años
Enfermos
Esquizofrenia Indifirenciada
Controllati
Asexual
Azusa Mukami
D

E S C R I P C I Ó N ✝ P S I C O L Ó G I C A


La primera impresión es la que cuenta, dicen. También dicen que la apariencia puede decir mucho de la personalidad de alguien. Con sólo ver a Staffan se puede sacar una primera conclusión; es infantil, depresivo y carece de carácter. La pregunta es, ¿qué tan cierto será?
Uno no puede sólo ver la portada para saber de qué va el libro, incluso en la contraportada, donde se puede apreciar un resumen en extremo corto de la historia, o de la trama, no es posible apreciar algo. Hay que tomar el libro, abrirlo y leer para saber de qué trata. Así como un libro tiene muchos capítulos, con Staffan hay que tener más de un encuentro para poder comprender, aún sea de forma mínima, su psique. Su trastorno muestra represalias en su personalidad, algo apreciable tras el segundo encuentro, o si se tiene suerte desde el primero.
Es difícil describir su personalidad, puesto que las alucinaciones y delirios que pudiera presentar no son lo único a lo que se le tiene que prestar atención. Su historial presenta distintos factores, posibles causantes de su padecimiento actual. Si bien sus episodios esquizofrénicos no son permanentes, éstos han sido tales que desarrolló trastorno explosivo intermitente y psicosis depresiva como daños colaterales, haría falta realizar exámenes a profundidad para descartarlos como enfermedades. Ya que se mantiene bajo medicación la mayor parte del tiempo, puede comportarse como una persona normal, sin embargo su mente siempre estará maquinando ideas para lastimar a otros o a sí mismo, dependiendo de sus delirios o alucinaciones en ese momento.
Presenta síntomas típicos de la esquizofrenia, tanto positivos como negativos; éstos tienden a variar periódicamente. Como sabrán, hay distintos tipos de esquizofrenia y Staffan no presenta una clasificación en concreto, por lo que su diagnóstico y medicación correcta pueden resultar difíciles, al presentar distintos síntomas en intervalos inconstantes de tiempo. Entre los síntomas positivos encontramos a las alucinaciones, delirios, trastornos del pensamiento, angustia, excitabilidad, insomnio, palpitaciones, mareos, trastornos gastrointestinales y respiratorios, agresividad, movimientos estereotipados. Dentro de los síntomas negativos encontramos con que el individuo ya no puede razonar de manera fluida, le cuesta mucho poder experimentar sentimientos hacia los demás o incluso puede carecer de la fuerza de voluntad para levantarse de la cama. Puede presentar apatía, carencia de energía, ausencia de placer, entre otros.
Bajo medicación sus mareos y carencia de energía son más recurrentes, además de de una ausencia de la realidad, ocultándose en la supuesta seguridad de su mente.
Puede presentar cambios drásticos en el humor, debido principalmente a sus delirios y alucinaciones, por lo que no se le puede diagnosticar con trastorno bipolar. Durante sus episodios más severos puede actuar de acuerdo a los delirios, adoptando un carácter agresivo y arremetiendo físicamente contra sí mismo u otras personas. No se puede justificar alegando no estar consciente de sus actos, sin embargo se puede justificar alegando que han sido terceras personas (véase, voces e imágenes producto de las alucinaciones) las que le incitaron a cometer tal acto.
Hay que prestar atención a su comportamiento, por lo que se mantiene bajo vigilancia la mayor parte del tiempo. Se le proporcionan diversos medicamentos, lo cual ha asegurado su buen comportamiento, aunque no eliminan sus episodios psicóticos o delirantes, así como tampoco restringen su actitud producto de los mismos.
Para mayor información acudir con su psicólogo, quien tendrá el informe detallado de su progreso.

D

E S C R I P C I Ó N ✝ F Í S I C A



A pesar de su descendencia sueca, Staffan no cuenta con ninguno de los rasgos escandinavos que les caracterizan. De no ser por su apellido claramente sueco, fácilmente podría pasar por otra nacionalidad. Su nombre no ayuda mucho, siendo fácilmente confundible con Stephen y otros derivados.
Mide un metro con setenta centímetros, con un peso aproximado de cincuenta kilogramos. Su complexión delgada, junto a la palidez de su piel, le otorga una apariencia un tanto enferma. Bajo sus ojos se pueden apreciar unas bolsas oscuras, producto de incontables noches sobreviviendo con mínimas horas de sueño.
Sus orbes grises se han tornado más claros mientras crecía, otorgándole la mirada de un muerto, como le gusta llamarle. Cuando niño sus ojos y su cabello eran de un color similar, sin embargo los primeros se aclararon mientras que el segundo oscureció un poco desde las raíces; alguien alguna vez atribuyó tal cambio, junto con la palidez de su piel y las manchas bajo sus ojos, a su notable falta de sueño e inconsistentes habitos alimenticios. Tal vez lo habrá imaginado, quién sabe.
Actualmente la parte más larga de su cabello llega a la altura de su barbilla. Tiene un corte mal hecho, con mechones de distintos largos por todas partes en los lados mientras que en la parte trasera, por su nuca, tiene un corte recto. Desde su cuero cabelludo empieza negro y va aclarando hasta las puntas claras. Su cabello se ve maltratado, por falta de cuidados y algunos momentos donde la psicosis le gana y tira del mismo.
Siempre se le puede ver portando prendas de mangas largas. Cuando se arremanga son visibles hematomas, cicatrices, marcas rojas o rasguños, y demás muestras físicas del daño que se puede causar a sí mismo. En ocasiones tendrá los brazos rodeados de vendajes para cubrir tales marcas. Será él el paciente, pero bien se puede dar cuenta que las vendas únicamente acentúan las heridas.

H

I S T O R I A



¿Sabías que la esquizofrenia no es común en niños? Staffan definitivamente tiene una suerte muy peculiar.
Desde temprana edad se considera a Staffan como una persona especial; en principio se atribuyó su peculiaridad al hecho de ser hijo único y pasar poco tiempo con sus padres, ya que ambos trabajaban sus turnos completos. No era nada del otro mundo, tenía un amigo imaginario por aquí, otro por allá, era tímido y le costaba un poco el hacer amigos reales, cosas comunes en niños de su edad, ¿cierto? Su familia se mudó de Suecia y la barrera del lenguaje también aportaba a su timidez y falta de amigos.
La falta de atención tenía que ser la causante, definitivamente. Si tan sólo sus padres hubiesen tomado cinco minutos de su atención y posarla sobre el infante, por lo menos para darse cuenta que la forma en que hablaba e interactuaba con sus amigos imaginarios no era exactamente normal, la vida actual habría sido distinta.
Desde muy joven empezó a acostumbrarse a la presencia de las voces, otorgándoles nombres, o aprendiendo los nombres por los que éstas se hacían llamar. Realmente no tuvo a alguien que le diga Oye, niño, hablar con personas que no existen no es normal ni nada similar, ni siquiera podía decir que tenía otra compañía además de aquellas voces. Su inocente mente les reconoció de la mejor forma posible, alterando inconscientemente su sentido de la realidad.
Max, Seth, Annie. Con el pasar del tiempo sus amigos fueron incrementando, llegando al punto en que todos parecían hablarle al mismo tiempo e intentaban aclamar su total atención, provocándole fuertes dolores de cabeza y sacando gritos ahogados desde el fondo de su garganta.
Realmente era muy joven para la vida que le tocó vivir. No tenía diez años siquiera cuando los primeros episodios de psicosis inducida por las voces se hicieron presentes; las alucinaciones empezaron a aparecer, aunque de forma leve e inconstante tras periodos largos de relativa tranquilidad. Se aisló socialmente, al punto de no querer salir de su habitación. Sus padres se iban al trabajo antes que él comiera su desayuno antes de ir al colegio, y regresaban una o dos horas después de haber terminado las clases, por lo que mantenerse encerrado consigo mismo no supuso problema alguno. El aislamiento le provocó sus primeros episodios de delirios, donde estaba convencido de haber asistido a clases y, entre sus desvarios, llegó a convencerse de haber saltado uno o dos cursos. Pasó días sin comer, o moverse de su rincón en una esquina, aterrado de la nada, atendiendo los comentarios de las voces y perdiendo la energía para hacer algo tan básico como levantarse. El insomnio empezó a hacerse presente junto con la narcolepsia; pudiendo pasar periodos largos de tiempo sin pegar el ojo, o bien durmiéndose en cualquier posición sin previo aviso.
Fue una llamada por parte de las autoridades escolares, pretendiendo preocuparse por las inasistencias de Staffan, que su padre decidió sentarse y tener una buena charla con el infante. Su mujer era un gran ejemplo para otras, arriesgándose a salir en el tan llamado mundo de hombres a laborar, forjándose un nombre, un legado material. Si bien se dice que las madres son mejores para tratar cualquier tipo de situación con sus hijos, el hombre no quería arriesgarse a que, por detenerse para atender al niño fuera a afectar gravemente lo mucho que ha trabajado, por ello optó por tomarse el día para, por lo menos, descubrir si había algún problema con su hijo.
Esperó enterarse que era víctima de acoso, que alguien le ofendía, o cualquier cosa, menos tener que adentrarse casi a la fuerza a la habitación de su hijo, encontrándole en posición fetal en una esquina de la habitación. Los muebles que solían estar cerca habían sido empujados al otro lado junto a todo lo demás, parecía que había intentado alejarse lo más posible de cualquier objeto. Tampoco esperó que al acercarse pudiera notar lineas rojas a lo largo de los brazos del pequeño, rasguños aparentemente infligidos. El hombre levantó a su hijo en brazos, notando lo ligero que era, e intentó depositarlo en la cama para que pudiera dormir más cómodo. Intentó, porque apenas dijo dar el primer paso Staffan despertó y pegó un grito, lanzando manotazos y logrando regresar al suelo. La mirada llena de terror que portaba no pasó desapercibida.
Días después un médico llegó para atenderle. Era más que claro que no tenía intenciones de abandonar la seguridad que las cuatro paredes le otorgaban. La visita del médico permitió al hombre empezar a tratar a su hijo, dejándole comidas ligeras y agua a su disposición. Las voces le indicaban a gritos que la comida no era segura, argumentando que aquel doctor habrá dejado indicaciones de mezclar medicamentos en la misma para sacarlo a la fuerza y llevárselo de regreso al colegio, o para llevarlo al hospital y recibir una inyección que quién sabe qué le hará. Carente de opciones, Staffan sobrevivió dos días más en base de agua. Al tercer día salió a la sala con pasos pequeños. Su ansiedad empezó a disminuir e intentó retomar su vida, aunque no regresó al colegio. Era completamente inconsciente de los medicamentos disueltos en su agua.
Max, Seth, Annie, Melissa. La llegada de una nueva voz le tuvo con los nervios de punta, esperando gritos en su cabeza como la vez pasada, cuando Seth llegó. El silencio resultaba incómodo, habiéndose acostumbrado a las otras presencias asegurándose de mantener su mente ocupada. Tenía once años. Por primera vez sus alucinaciones le mostraron los rostros de las voces.
Melissa resultó ser una gran ayuda, pues le enseñó a aparentar. Su mayor logro fue durante una de las visitas del doctor.
—¿Escuchas voces?
Dile que no. —No.
—¿Te sientes mejor ahora?
Dile que sientes miedo. —No. En realidad... Tengo miedo.
—¿A qué le tienes miedo?
Habla de tus clases. —Perdí muchas clases. No sé si pueda volver al colegio ahora.
—Veré si hay algo que pueda hacer.

Ese doctor es hombre de palabra. No mucho tiempo después llegó un profesor privado para enseñarle todo lo que se perdió y que era realmente necesario.
Tenía trece años, a los nueve dejó de asistir a clases.
Normalmente cuando un niño padece de esquizofrenia, ésta se presenta a los trece años. En el caso de Staffan, a los trece años ya se encontraba muy avanzada. Un movimiento en falso por parte del profesor le costó la inocencia al infante, quien se dejó llevar por un ataque de ira provocado por el conjunto de opiniones en su cabeza.
Tenía trece años cuando, por recomendación del doctor, Staffan fue llevado a un hospital psiquiátrico. Honestamente razones para hacerlo, había. Incluso desde la primera visita, el doctor había considerado otorgar la propuesta a la familia. Ahora no había excusas, un hombre inocente había perdido la vida y, tras haber tratado con el niño por cuatro años, no había otra forma para justificar el acto más que algún problema psicológico apoderándose de un cuerpo tan joven.
Las visitas al hospital por parte de los padres eran constantes. Hasta poco antes de internar a su hijo, la mujer no sabía absolutamente nada, ni siquiera de su abandono al colegio. Se les pidió cambiar sus visitas para tener un intervalo de tiempo aceptable, pues su presencia constante perjudicaba más de lo que ayudaba. El primer intento resultó en la mujer llorando, pues no había escuchado nada de su hijo en una semana, provocando un nuevo episodio de psicosis al menor.
La enfermedad estaba ya muy avanzada para un hospital tan pequeño como lo era aquel. Estaban acostumbrados a tratar con problemas menos severos, como depresión, abuso de sustancias, u otras situaciones que con charlas podían avanzar bastante. Por recomendación del director de ese pequeño hospital, trasladaron a Staffan a San Redentore tras un par de meses en esas instalaciones. Tenía catorce años.
El cambio repentino volvió locas a las voces. Durante los primeros días se podía ver al niño, adolescente ya, abrazándose a sí mismo con fuerza, hablando solo o murmurando incoherencias. Se pidió a sus padres que no fueran a visitar en un tiempo, para que se acostumbre. En el instante que la pareja accedió encerraron a Staffan en su habitación. Cuando no pudo soportarlo más empezó a gritar y golpear las paredes, claramente su enfermedad daba lo mejor de sí en ese momento por lo que no dudaron en contenerlo y aplicarle una dosis de sedantes. Al tener un cuerpo tan pequeño, no sólo por su edad sino también por la falta de cuidados, una dosis de sedantes normal le afectaba por tiempos prolongados. Siendo menor de edad y, principalmente, al recibir constantes llamadas por parte de los padres, los trabajadores no podían permitirse el lujo de llevarle a la jaula de los leones, así que optaron por mantenerlo sedado, disminuyendo la dosis gradualmente cuando lo veían posible.
Con el paso de los años las visitas de sus padres disminuyeron desde su traslado. En su cumpleaños dieciocho escuchó por última vez de ellos; se habían rendido respecto a su recuperación y mandaron una carta haciéndoselo saber. Decidieron en hacerle saber su decisión el día que se volvía legalmente adulto, sin embargo uno o dos meses atrás se mudaron de regreso a Suecia, dejando no sólo al país, también a él, como un simple recuerdo a sus espaldas.

No mejoró.





Última edición por Staffan K. Sikanen el Mar Ago 18, 2015 3:22 pm, editado 1 vez

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Mensaje por Azure Gungnir el Mar Ago 18, 2015 3:35 am

Ficha Rechazada
La mayor parte de tu ficha está en orden –mejor dicho, está hermosa. Abarcas muy bien la esquizofrenia indiferenciada-, pero hay un pequeño problema insignificante.

“Puede comportarse como una persona normal”. Solo necesito que hagas realce en el hecho de que se comporta como una persona “normal” bajo medicación, pues es la única manera de controlar a estos loquitos, en especial a alguien con los padecimientos de Staffan.

En segundo, lo que describes en la parte psicológica está bastante bien –hermoso en realidad-, solo que al poner que gracias a la enfermedad inicial desarrolló otros dos padecimientos, se hace acreedor al siguiente rango “Discontrolle”. Para mantenerte en “Controllati” puedo darte una opción bastante sencilla; que apenas se esté presentando el TEI o la psicosis depresiva en tu chiquillo, cualquiera de las dos, para que en un futuro se dé pauta a que ingrese al siguiente rango -si es que así lo deseas-. Es la solución que te puedo ofrecer, pero si tienes algo más en mente no dudes en externarlo.

Ahora, si me permites el descaro, has hecho un trabajo muy bueno con la historia.

Cualquier duda, no dudes en consultar con algún miembro del staff. Lamento rechazar tu ficha por estos detallitos. Me encanta como abarcaste la enfermedad. En cuanto realices las correcciones, deja un mensaje a continuación por favor que ya te quiero ver con colorcito.


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Mensaje por Staffan K. Sikanen el Mar Ago 18, 2015 3:23 pm

Editado.
Creo que así ya debería estar bien aún no estoy listo para la jaula de los leones, créanme (?).

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Mensaje por Azure Gungnir el Mar Ago 18, 2015 10:25 pm

Ficha aceptada
Bien, todo en orden ¡Recuerda pasar a los registros! De esta manera se te podrá otorgar color y rango, bella creación de nuestro señor. Procedo a cerrar tu ficha.

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