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Mensaje por Samuel García el Dom Ago 23, 2015 3:11 am

Rondaría el mediodía de un sábado. Quizá. Debería. ¿O estaba equivocado?

Bueno, sería sábado. Tenía un ligero concepto de ello. Se sentía como si hubiese estado de vacaciones por mucho tiempo. Y no, no en el sentido de “relajado, preparado para darlo todo otra vez”, sino más bien como... no tenía orientación temporal. Bien podía haber pasado todo un año desde que Samuel estuviese internado y para él habría sido un pestañeo. No lo comprendía bien, pero poco podía hacer por ello. Estaba exhausto. Ese día en particular carecía de la energía típica que solía llenarle las venas. “Y probablemente mi cuidador esté tranquilo con ello. Quizá debería quedarme tranquilo más a menudo.”

Y quizá era mediodía. Podía suponerlo, pues en ese momento se veía a sí mismo frente a un plato de carne mechada, guisantes verdes, con una porción pequeña de arroz como acompañamiento. La mayoría de los niños no gustaban tanto de los guisantes. Samuel les era indiferente. El arroz le gustaba. Pero no tenía apetito. Simplemente jugaba con su tenedor a rodar los guisantes por el plato, intentando distraerse... y con un poco de suerte, su cuidador lo dejaría no comer nada.

Es que, no podía. Simplemente, le desagradaba muchísimo la idea de meterse una pequeña porción de comida a la boca. Pero igual tenía hambre. Eso era extraño. No tenía apetito, pero tenía hambre. ¿Existe una distinción entre ambas palabras? ¿Las estaría ocupando bien? “Quizá no. Pero, es que, quiero comer algo, pero no puedo comer esto.” Eso lo resumiría bien.

La carne no le gustaba. Desde hacía mucho no era su platillo favorito, pero ahora, ese sentimiento era muy intenso. Servían carne... una vez por semana, más o menos, a veces la cambiaban por pescado, pero era exactamente lo mismo. Al menos, dentro de su concepción. Ninguna de las dos podía gustarle y, de hecho, era capaz de quitarle el apetito ver un pedazo de estas en su plato. A veces, podía comerse el acompañamiento (aunque igual le mandaban una regañina por dejar la mitad de su plato en la basura), otras solo podía dejar el plato allí a enfriarse (cosa por lo que le regañaban aún más).

Ahora estaba meditando cuánto podría comer. Si la mitad o si nada. Probablemente nada. Aunque sí necesitaba comer algo, podía sentirse a sí mismo quedando en los huesos y sabía que preocuparía a sus hermanos. “Si pudiera verlos” tuvo que recordarse. “Si pudiera verlos, se preocuparían mucho por mí.”

Definitivamente no podía comer nada.

Optó por pararse con su bandeja y buscar el recipiente de la basura. Seguro su cuidador le mandaría una regañina, o peor, le daría un golpe, pero simplemente no podía. No quería vomitarlo después. Vomitar no le gustaba, pero venía de la nada siempre que comía carne. Prefería un golpe. Y Samuel extrañaba aquel tiempo en que no tenía que elegir entre una de esas dos. Aunque ese pensamiento no venía al caso. Sus ojos recorrían el lugar buscando el cesto...

Y se detuvieron justamente en un chico. Llamativo, por su cabello, y porque era el único sentado en una mesa muy grande. “Como en el orfanato, con ese chico de lentes...” sí, había visto a un chico solo, igual que aquel. Y Samuel, por primera vez en el día, se sintió lo suficientemente animado como para olvidar el asunto de la carne y llegar hasta aquella mesa tan grande en el rincón de la cafetería. ¡Claro que le haría compañía! Nadie merece estar solo en las comidas, una de las creencias más acérrimas que podía poseer aquel chiquillo.

— ¡Hola! —fue lo primero que dijo en busca de la atención ajena. — ¿Puedo sentarme aquí contigo? —sonreía. No sentía todas las ganas que solía tener para hacerlo, pero sonreía. Eso es bueno. ¿No crees?


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Mensaje por Damian Reynold el Miér Sep 16, 2015 8:29 pm

Odio este lugar, odio la comida que sirven, odio las personas que están tanto como enfermos y la gente “normal” que trabaja aquí. A pesar de que odio a mis padres y los quisiera muertos antes de volver a vivir con ellos... al menos estábamos cómodos. No tiene ningún sentido este lugar, lo sentíamos... no, yo y 1° nos sentimos cada vez mas enfermos, mientras que 3° disfruta hacer que los enfermeros duden de nuestro rango; solo estamos a un paso de ir a la jaula, se que ese lugar no entran ni los ángeles por el miedo y dolor que esta adentro; tengo que cuidarnos. Una de las cosas buenas es que nuestro cuidador me deja crear el horario y no le molesta seguirlo al pie de la letra.

Despertamos a las 8:15, dependiendo del agua, vestirnos y el agua, terminamos para pasear entre las 10 y las 11:30, comemos en unos 40-45 minutos y somos de los primeros en llegar al comedor, cerca de las 12. Después tanto 1° como 3° tienen una hora y media de recreo; luego vamos a ver al doctor que nos tienen encargado... si es fin de semana tratamos de buscar que hacer.

Hoy día es fin de semana, sábado para mas exacto... Por eso yo estoy a cargo ahora, a 2° no le gusta, no, para mas exacto: apenas soporta vernos comer esta comida, el primer día el trato de comerla y terminamos vomitando en la pieza, así que, aunque le disguste la forma en que como termina aceptándolo porque el vomito no es una bonita opción ¡Provecho! Hoy tenemos una hermosa carne mechada, una porción asquerosa de guisantes y algo de arroz. Siento que salí ganando.

“Es un asco, no tiene ningún puto sentido decirle hermoso a esta comida, que ñoño eres”, 3° no esta en sus días buenos, aunque quizás nunca tenga de esos, me exforce en responder en nuestra cabeza, ya que ayer comenzamos a hablar en voz alta y tuvimos muchísima suerte de que no estuviera atento el cuidador. “si lo tiene, me hace sentir mas tranquilo que tenga algo especial”, le respondo mientras comienzo a comer. Puedo sentir que 2° no habla porque esta sintiendo unas nauseas increíbles.

Salto al escuchar una voz que no es ni 3°, ni 2°, cerca y me giro para ver de donde sale: un chico de pelo negro... que ¿Nos pregunta si se puede sentar con nosotros?, parpadeo tratando de procesar si es real. -¡Claro que si!- le sonrío animado y le hago un lado en la mesa para que pueda sentarse cómodo. Esto es muy, muy bueno, es la primera persona que me habla en este lugar, me estaba sintiendo realmente solo...

“Oh, oh, dile que es bonito... no, eso suena raro, dile que gracias por tomarnos en cuenta”, empieza a hablar rápidamente 2°, lo que me tranquiliza pero también asusta... esta usando la presencia del chico para evadir la comida, pero si lo dejo en el control no podrá comer nada; así que lo siento, yo voy a conocerlo.

-Te ves bien... espera, no- quede pegado con el comentario de 2° y al final lo dije en voz alta, me tapo la cara con una mano y bajo la cabeza. -digo; no es lo que quise decir... quise decir que gracias por escogernos- pensé que lo había solucionado pero escucho los gritos de 3°: “imbécil, acabas de hablar en plural. Tu sabes que la gente nos mira raro cuando lo hacemos ¡Ahora ya perdiste la oportunidad de tener un amigo!”, no, no, no. No perdí la oportunidad, si el chico se mantiene a mi lado significa que no le molesto o que no le tomo importancia a lo que dije. Afuera, en el mundo real la gente se asustaba cuando lo hacíamos, pero quizás... solo quizás... aquí sea distinto. Los doctores no lo aceptan pero jamas pensamos en como iban a reaccionar los enfermos ¿Realmente estamos tan locos en este mundo de locura? Me saco la mano de la cara para ver la reacción del pelinegro y sonrío nervioso.[/size]


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