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Mensaje por Craigh Dimell el Sáb Sep 05, 2015 10:37 pm

Grito, -aah, que ruidoso-, grito, grito, coro de gritos -!Oi!, callense un momento!- Deliciosa oscuridad, aquella celda estaba negra y fría como una tumba infinita, apenas unos debiles rayos de luz artificial se filtraban por los pequeños barrotes por los que solo podía entrar y salir el aire en aquel cubiculo en el que solo cabía el rubio y sus pensamientos, nadie mas. En ese momento la "leonera" era un escandalo inautido, los dementes gritaban enfurecidos, otros extasiados, dominados por su rampante locura, y en los momentos en los que Craigh intentaba pensar, distraerse de los dolores de estomago que el hambre le provocaban, evadirse de la necesidad del rojo caliz que le brindaba vida y plenitud, el escandalo no hacía mas que taladrarle la cabeza. Entonces gritos y mas gritos; aquello fue entonces la gota que derramó el vaso. Los ojos del "vampiro" se abrieron como platos y descargó un furioso golpe de antebrazo contra la puerta de la celda, el cual resonó con fuerza, una fuerza casi imposible pero proveniente de su propia nueva identidad, y acompañando tal despliegue grito -!!CÁLLENSE LA BOCA MALDITOS ENFERMOS!!, !!TRATO DE PENSAR!!- y sus cuerdas casi se rasgaron con aquel bramido gutural y descarnado, tal fue la fuerza de su voz que por dos segundos, el lugar se sumió en un completo silencio.

Por supeusto que, un segundo despues, el caos galopante volvió a surgir como un tsunami que arrasa con la paz y la quietud, los huespedes de su castillo estaban particularmente joviales ese dia, !oh por dios!, ¡oh por dios!, ¡¡que hambre!!.  Aquel repetitivo pensamiento le asaltó de manera salvaje, necesitaba salir, necesitaba un trago. -¡Guardia!, ¡enfermera!, ¡¡traigan un maldito trago por lo que mas quieran!!- vociferó casi desesperado, su paz y buen humor regular estaban siendo desgarrados por su necesidad de sangre, cuanto había pasado desde la ultima vez que le habían traido un pequeño vaso con su "medicina". Desesperado y al borde del quiebre, al ver que nadie respondía a su llamado (los guardias debían estar almorzando, o quizas divirtiendose violando a alguna pobre delirante de una celda lejana, los muy cerdos), Craigh se encaramó a la puerta, golpeandola con el peso de su delgado cuerpo y descargando potentes y seguidos puñetazos a la misma, por un segundo le pareció ver que la puerta cedía minimamente, por lo que sorprendido, retrocedió y la observó con detenimiento. Un nuevo rugido en el estomago, le dio entonces la chispa necesaria para volver a intentarlo, con una zancada pateó la puerta una, dos, tres veces, y cuando estaba a punto de caer desmayado por el esfuerzo, dio un ultimo y desesperado golpe con su adolorida pierna derecha, y ¡voila!, la puerta se abrió con un crujido seco... ¿triple seguridad?, mis polainas.

Sin poder dar credito a lo que veían sus ojos, Craigh se acercó con cuidado y observó la parte exterior de la puerta, el perno que ejercía de traba estaba mal puesto, casi a medio cerrar, producto seguramente del exceso de confianza del guarda de turno o la falta de sueño ante la ola de gritos constantes, y solo hizo falta algo de persistencia para que la puerta se abriese. Extasiado y dejando salir una risa divertida, macabra, el rubio salió caminando con aire victorioso y se detuvo en el pasillo, extendiendo los brazos hacia arriba, para finalmente exclamar -hermanos míos, la noche me llama, es hora de un bocadillo nocturno... ¿quien será el voluntario?, no... ustedes no, todos están corruptos y podridos, necesito algo mas... puro y delicioso. No me extrañen, prometo que volveré, después de todo y a diferencia de ustedes, ¡yo sí estoy en casa!- y tras exclamar aquellas palabras, se agazapó por puro instinto, como un animal al acecho y buscó el resguardo de las sombras, comenzando a moverse de manera lenta y sigilosa hacia el pasillo que llevaba a los exteriores de las celdas, separado del arco de entrada solo por unas 9 o 10 celdas. Ya lo podía casi saborear, tomaría al primer incauto, guardia, medico o quien fuere, y le haría una sonrisa de oreja a oreja incluso con sus propias manos de ser necesario, era una noche de cacería, y el vampiro estaba hambriento.

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Mensaje por Mikhail Orlov el Mar Sep 08, 2015 12:48 am

De nuevo ese cuerpo enorme se acercaba hacia él, su espantosa boca se abría y gritos desconcertantes y poderosos se le clavaban dolorosamente en los tímpanos. Trató de cubrirse los oídos, no funcionó. El sonido se intensificó. Dolor. Dolor en sus muñecas, en su pecho, en su cuello. Aire… No podía respirar… Necesitaba…. aire…

Mikhail se levantó de golpe, sudando y temblando de terror. No tenía mucho que había podido tomar unos momentos de sueño y descanso cuando sus usuales pesadillas hicieron su visita nada deseada a sus sueños…

Pero la sensación no se iba… Seguía apresándolo del pecho y del cuello. Su corazón golpeaba fuertemente contra su pecho como si le fuera a romper las costillas en cualquier momento. Su habitación le causaba pánico, oscura…fría… encerrada…

Necesitaba salir pero ya.

No le importo (ni recordó) algo sobre el toque de queda… de hecho no estaba seguro si había o no… Solo sabía que necesitaba el frío y fresco aire que las zonas verdes siempre le brindaban sin chistar. Tomo una de sus sudaderas que grande le quedaban y se la puso sobre su camisa (que era igual, de unas tallas más grandes que él), y metió de igual manera, sus pies descalzos a sus zapatos y se dirigió a la puerta, abriéndola con suavidad y en completo silencio. No sabía la hora que era. Pero en verdad, en verdad, necesitaba salir.

Cerró la puerta detrás de él en completo e increíble silencio, bueno… Orlov era ya prácticamente experto en moverse sin hacer ruido… y sin que las personas se enteraran de su presencia… lo prefería así… Cuando caminó en el pasillo con la luz de la luna filtrándose entre las ventanas, iluminando el camino con la misma, se comenzó a sentir mucho mejor. Se dejó llevar, sin pensar en el destino, solo… guiándose por el frío, yendo directo hacia él. Desconectando su pensamiento de su cuerpo. Dejando su mente en blanco…

Solo era consciente de sus pisadas contra el suelo, lentas, constantes, y de cómo algunas ráfagas de suave y frío viento comenzó a revolver algunos mechones de su cabello y acariciar sus mejillas descubiertas. Se cubrió el cuello con la sudadera todo lo que pudo, regresando su mente y consciencia a su cuerpo.

No sabía dónde estaba… Giró a un lado… A otro… Ubicó el edificio de donde su prisión (o cuarto), se encontraba. Soltó un suave suspiro. Tampoco quería provocar problemas. Daño alguno no hacía, pero en ese lugar mejor quedarse callados y en un perfil completamente bajo para poder vivir en paz… o al menos lo más tranquilo posible, era lo mejor. Continuó su camino, lo que menos le apetecía era regresar tan pronto a su habitación. Continúo caminando y se terminó poniendo su capucha, frotando sus brazos para generar un poco de calor, el salir tan abruptamente de la calidez de su cama comenzaba a cobrar efecto. Eso o tenía un mal presentimiento… Se detuvo, podía ver el vaho saliendo de su boca y los dedos que apenas salían asomándose un poco de sus mangas ya entumidos por el mismo.

Levantó la pesada y cansada mirada un tanto desconcertado. Clavando la misma en la oscuridad que hasta ese momento se dio cuenta que le rodeaba y se sintió intimidado, pequeño e insignificante. Sus piernas se clavaron en el suelo y se negaron a moverse, a reaccionar, aún cuando Mikhail les ordenaba que se movieran y regresaran por donde vinieron. Ni sus brazos se bajaron de la altura de su pecho y las puntas de sus dedos hasta de color comenzaron a cambiar. Estrujó con la mirada todo lo que podía, pero por más que lo intentara, el cansancio de sus desvelos de toda la vida, su falta de alimentación y su depresión no le estaban ayudando en nada. No podía ver más allá de unos metros de distancia — Eeem... ¿H-hola? — su voz era un suave susurró que era opacado por el silencio de su alrededor, tímida y temblorosa, de hecho pareciera que no hubiera pronunciado palabra alguna — D-disculpe si salí sin permiso… solo… solo necesitaba… un poco de aire…

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Mensaje por Craigh Dimell el Mar Sep 08, 2015 4:52 am

Era un felino, una sombra, era uno con la noche misma. Acuclillado, con ambas manos en contacto con el piso y deslizándose como si fuese un cuadrúpedo salvaje, Craigh abandonó el sector de las celdas decidido a avanzar, si sus cálculos eran correctos, solo debía llegar a la puerta de acceso a la "jaula de los leones", zona compuesta por una oficina de vidrios blindados, en cuyo interior y fascinado por la hipnotizante luz de una tv descansaba... ¿como era su nombre?, ah si, Daniel, el guardia de turno de la jornada, un tipo amable sin duda, mas lamentabemente, esa noche era un obstáculo que le separaba de su objetivo, abandonar la zona de los enfermos peligrosos y hacer una visita a los Controllati, aquellos pequeños corderitos que se encontraban en la delgada linea entre la insanía absoluta y la cordura.

Olfateó el aire, como si pudiese percibir el olor de Daniel en el aire y se relamió, esbozando en las tinieblas una retorcida sonrisa nacida de la euforia y la sensación de inminente peligro que provocaba saber que estaba rompiendo todas las reglas, y que tarde o temprano, un castigo ejemplar caería sobre él; pero ¿a que podía temerle un ser inmortal?, después de todo, no se puede matar aquello que ya está muerto.
Las voces y sonidos del transistor cercano fueron guiando a Craigh a su destino, hasta que finalmente se situó junto a la puerta cerrada de la oficina, Daniel no saldría de allí ni por todo el oro de china, sabía que el segurata tenía miedo de rozarse con los locos, y mas aún en la noche, momento en que la atmósfera tétrica del edificio parecía multiplicarse por mil. Si el rubio quería salir, necesitaría un señuelo.

Fue entonces que con toda la practicidad y simpleza del mundo, encaramado junto al marco de la puerta, lejano a cualquier ventana que pudiese delatarle, cerró el puño y golpeó el vidrio de la entrada, con la mesura suficiente para que este sonase con fuerza, mas sin romper el cristal. A la espera entonces, Craigh escuchó la silla crujir al ser liberada del peso del cuerpo del guardia y el tenue flash de una linterna iluminar el cristal, en teoría no había nada allí, pero el silencio le hizo saber al internado que el hombre de seguridad dudaba, estaba asustado hasta los testículos. Finalmente el encargado de turno se armó de valor y, linterna en mano avanzó hasta la puerta y la abrió, asomando la mitad del cuerpo para mirar hacia la salida del sector de celdas, mas al voltear para el otro lado, se encontró con los ojos hemorragicos de Craigh y su divertida sonrisa.

Solo hizo falta un segundo para que Craigh entrelazara los dedos de sus manos, alzara las manos sobre su cabeza, y descargase un brutal impacto con la fuerza de un martillo sobre la sien izquierda del guardia, quien con un quejido de sorpresa, cayó inconsciente al piso, siendo el sonido de su cabeza contra la dura superficie, lo ultimo que hizo eco en la zona antes de que todo regresase al silencio habitual. Sobreviviría, eso era seguro, aunque a juzgar por el hilo de sangre que comenzó a brotar de uno de los oídos del caído, necesitaría asistencia medica. Acuclillado junto al cuerpo y mientras el dedo indice de su mano derecha jugaba con la sangre, antes de llevarse el mismo a la boca para probar aquel preciado elixir, Craigh sopesó aquello, mas el saber que estaba cerca de su destino, le hizo olvidarse de Daniel y sus problemas físicos.

Ya victorioso, Craigh abandonó su "modo sigilo" y caminó gallardo hacia la salida, mas entonces un escalofrío recorrió su cuerpo; lo había olvidado... debería cruzar aquel odioso jardín para poder llegar al edificio principal, ¡ajj! la sola idea de salir se le hacía vomitiva, afortunadamente era de noche, el yugo del sol ya no le torturaría; si se movía rápido y sin detenerse, abandonaría la inmensidad del exterior y no le sería nada difícil escabullirse a la madriguera de sus presas.
Vestido solo con aquel maravilloso y monocromo atuendo de pantalón y chaleco grises, y sin calzado en los pies, el vampiro abandonó las estancias de su "hogar" y fue recibido por la noche helada. Un viento implacable se hizo presente, creciendo como una sinfonía. Azotó el terreno tan fuerte que solo el silbido del mismo entre las ramas, y el agitar de las hojas, fue lo único audible. Sus ojos penetraron la oscuridad, ya acostumbrados a ella tras tanto tiempo de evadir al sol, a la luz en general, y casi de memoria pudo distinguir el camino que le llevaría a donde quería ir. Sin embargo debía estar atento, probablemente algun otro guardia pudiese acabar paseando por los exteriores, nuevamente debía ser cauto, una sombra.

Adoptando nuevamente su modo felino, quizas creyendo que podía transformarse en uno para moverse con rapidez en la oscuridad, se agazapó y utilizando sus miembros comenzó a andar lentamente por la grava, serpenteando entre los arboles; el sonido del viento camuflaba perfectamente sus pasos, estaba enteramente compenetrado y fusionado con la oscuridad... realmente era como un ser de la noche. Y fue a mitad de camino que escuchó una voz debil en la distancia, proveniente de un punto totalmente paralelo al que él se encontraba, ¿había escuchado bien?, ¿ o acaso el viento le jugaba una broma?, solo para segurarse, optó por seguir avanzando un poco mas y finalmente rodear la zona, acercandose por donde suponía, podría tomar por la espalda al pobre incauto que se encontrase de paseo al igual que él. A sus espaldas se encontraba el objeto de su salida, el edificio de los controlados, mas al frente, pudo divisar en la oscuridad una silueta pequeña, cubierta por una capucha, la cual parecía avanzar sin dirección alguna, ¿quien osaba caminar por sus dominios sin pagar tributo?, ampliando su sonrisa divertida, excitado por el juego del gato y el ratón, Craigh se irguió finalmente, quedando apenas encorvado, y camuflando sus pasos tanto como pudo, se acercó por la espalda a aquella silueta apenas bañada por la luz de la luna. Solo cuando estuvo a un metro del caminante nocturno, Craigh escuchó su voz, la cual parecía pedirle autorización a la oscuridad para respirar un poco de aquel delicioso aire nocturno, y fue ese tono de voz, débil y quebradizo, el que le dió el empujón faltante para acercarse, tanto que su rostro quedó a centímetros de la nuca encapuchada de aquel extraño, y a esa distancia fue que habló, respondiendo a lo dicho por su contraparte, utilizando un tono de voz suave, casi espectral, pero perfectamente audible -disfrútalo... eres nuestro invitado ésta noche- fueron sus palabras, seguidas de silencio, dejaría que aquella persona las asimilase, quería ver su reacción, pero principalmente, quería ver el rostro de su inusual visitante nocturno.

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Mensaje por Mikhail Orlov el Vie Sep 18, 2015 3:07 am

Podía escuchar como alguien (o algo) se deslizaba por todo a su alrededor, por la capucha no podía averiguar exactamente de donde provenía el sonido ya que éste era amortiguado por la misma. Además de que, por supuesto, estaba paralizado de miedo. ¿Era acaso un guardia? ¿Un doctor? ¿Un voluntario? ¿Algún paciente al igual que él haciendo una ronda no autorizada? No lo sabía…

Quizás era algo mucho peor.

Solo atino a pensar en la figura de su padre emergiendo de las sombras y abalanzándose hacia él. Pero su cuerpo no reaccionaba y le comenzaba a costar trabajo el respirar… o eso creía, pues su cuerpo normal se encontraba, solo que sin moverse ni un milímetro. Era más la tortura mental que el menor ejercía sobre su propia conciencia que otra cosa, ¿Pero qué iba a saber él eso en esos momentos?

Su temor se materializó y con un susurró se le presentó. Le acarició sobre la capucha ese suave aliento. Esa fría voz. No sabía qué hacer. ¿Hablaba de manera literal? ¿Sí podía quedarse ahí? ¿O era una clase de psicología inversa? ¿Tenía que irse? ¿Volver a pedir permiso de frente? Como siempre, no supo qué debía hacer, qué era lo correcto para realizar en ese momento. Así que se quedó en su lugar por unos tortuosos momentos, prácticamente sin moverse. Pero decidió hacerlo, aunque muy lento. Se giró sobre su propio eje para ver de frente a quien le había hablado.

Volvería a pedir permiso pero ahora cara a cara por si acaso, o al menos para tratar de descifrar qué es lo que el desconocido realmente quería. Cuando su padre decía una cosa, era su mirada lo que realmente expresaba lo que en verdad quería que hiciera. Un “lárgate” podía ser un “si te mueves te irá peor”, o un “ven para acá” sería un “te acercas y sufrirás”.

Y fue entonces que suave le vio, solo por unos segundos, a los ojos, fueron momentos, instantes, para volver a clavar la mirada al suelo un tanto aterrado. Abrió un poco los ojos y los labios, tratando de tomar lo más de aire que le fuera posible, dejando que sus mechones cubrieran sus ojerosos ojos. —En verdad… me disculpo por la intromisión… emm… en… su…. Lugar. Solo…. Necesitaba un poco de aire y camine… y terminé aquí… — de alguna manera se apresuró a justificarse aunque hablara lento a oídos de otros. El justificarse nunca le había servido de mucho, pero el no hacerlo provocaba cosas peores —Y… no es mi intención quedarme mucho tiempo si… —tomó aire y controló el ligero temblor de pánico que quería invadir su voz —… si mi presencia le es incómoda… —sabía que lo estaba contradiciendo, pero, en verdad no sabía qué tenía que hacer. Era por esa clase de conflictos por la que procuraba no tener contacto con ningún otro ser. Nunca sabía cuál era el comportamiento correcto. Por lo que caminaba dando grandes vueltas evitando las concentraciones de personas o terminaba dando media vuelta en silencio si en verdad no podía evitar ese contacto.

Pero como siempre, la suerte nunca estaba de su lado. Claro ejemplo el de ahora. Así que mejor procedía a tratar de huir educadamente y en silencio, sin faltarle el respeto (¿Aunque no le estaría faltando el respeto al hacer eso?) Ya mejor no pensaba en eso…

De cualquier forma, y como pudo, levantó sus brazos hasta su capucha y de manera tambaleante y trabajosa se la bajó. Quizás mostrándose completamente disminuiría la grosería que iba a hacer — Bueno… emm… ya no le interrumpo más con mi incómoda presencia… Creo… Creo que procederé a retirarme… — y levantó con suavidad su mano señalando el edificio de dormitorios al que iría o de donde salió… dando un paso lento y como avisando con suavidad que comenzaría a caminar. No importaba si le pensaba mucho, o si preguntaba mucho. Todo lo que hacía estaba mal. Todo lo que decía estaba igual o peor.

No volvió a levantar la mirada para ver los ojos del otro, se dedicó a clavar la misma al suelo, fue donde se dio cuenta que el otro no tenía zapatos y como buen ser, de buen corazón, de detuvo. — ¿No tiene… frío? La noche es peculiarmente helada como para ir… sin calzado…  —y por un momento pensó en ofrecerle los suyos, pero, no sabía si podía tomarlo como ofensa. Había veces en las que deseaba ser más seguro de sí mismo, pero su cuerpo o sus cuerdas vocales nunca le ayudaban a aquello. De hecho, el mismo se sorprendía de que a esas alturas no haya caído desmayado o en un ataque de pánico o que se haya quedado (aún más) quieto de lo usual. De hecho, estaba hablando más de lo normal. Y sin darse cuenta se había quedado en silencio otra vez, con su mirada afligida clavada en el suelo y el ceño preocupado mientras jugueteaba con sus dedos nerviosos, incluso podría ser que en su frente una que otra gota de sudor se asomaba.

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Mensaje por Craigh Dimell el Dom Sep 20, 2015 6:20 am

"Helado como una estatua" fue la primera impresión que Craigh pudo obtener de aquella ardillita curiosa que, encapuchada, había decidido salir a dar una vuelta por las oscuras afueras del instituto mental, sin importarle en lo mas mínimo los peligros que pudiese encontrar afuera. Durante una fracción de segundo sus ojos se encontraron a pesar de la diferencia de alturas, mas aquel contacto se rompió rápidamente, ya que aquella criatura, a la que a duras penas pudo medir como un muchacho (o podría ser una chica muy plana?, nah, la voz lo delataba) bajó la mirada y la dejó clavada en la tierra y el césped que cubría la zona en la que se encontraban.

Una vez mas, apenas audible, casi como una exhalación, aquel chico volvió a hablar, farfullando tonterías acerca de propiedades y disculpas, ¿disculpas?, ¡pero si aquel chico era mas que bienvenido en su amplio y maravilloso hogar!, no había razón alguna para ello, de todas maneras, al igual que Craigh, aquella tierna ardillita solo buscaba un poco de aire fresco, ¿quizás también alguien con quien charlar?, pues para su fortuna, había dado con el anfitrión indicado, pues Craigh estaba de humor para algo de interacción, despues de todo, jugar con la comida era un gusto que había adquirido con el tiempo. -Valiente pequeña ardillita- dijo entonces el peligroso interno, su voz sonó como un divertido canto, y fue entonces como caminó lenta y relajadamente a su alrededor, observándolo completo desde cada angulo posible, sus manos se habían unido tras su propia espalda, tomada una a la otra y reposando sobre el nacimiento de sus glúteos -Por el contrario, tu presencia es justo lo que buscaba, en éste lugar se empeñan en distanciarnos tanto, no puedo soportar la soledad... necesitaba un rostro al que ver, alguien con quien intercambiar unas palabras, puedo decir que eres... un regalo del cielo- sentenció divertido, finalmente regresando a su posición inicial frente al muchachito.

La voz temblorosa del chico delató su miedo, por supuesto, las criaturas como Craigh se alimentaban de ese miedo, crecían fuertes y confiadas, les daban el vuelo necesario para... hacer las cosas que su instinto les pedían a gritos hacer. Para su propia sorpresa, aquel chico, de manera lenta y dubitativa retiró la capcucha que cubría su cabeza, revelando su cabellera que lucía casi palida a la luz de la luna; el "vampiro" agradeció internamente el gesto, ahora podía divisarlo un poco mejor, entender su fisonomía, tomando aquello como un gesto de buena voluntad por parte de su contraparte. Craigh enarcó una ceja ante sus proximas declaraciones; ¿marcharse?, ¿ahora que comenzaban a conocerse?, aquello era inaceptable, no lo permitiría. Con curiosidad decidió seguir la mano del muchacho, la cual le señalaba el oscuro edificio en donde debían estar posiblemente las habitaciones, el lugar del que seguramente el chico había huído. El cuerpo del Discontrolle fue sacudido por un relampagueante y casi imperceptible espasmo al sentir el paso del chico, sus manos querían tomarlo, aferrarlo con fuerza e impedirle marcharse, pero se contuvo tan pronto escuchó hablar a su pequeño profugo.

En respuesta a sus palabras movió los dedos de los pies, los cuales jugaron con la fresca y húmeda hierba, no había sensación mas deliciosa que la de la libertad, de no tratarse de un gesto de poca rectitud, habría salido de su celda completamente desnudo, pero entonces habría lucido como un verdadero demente, ¿verdad?, y Craigh no era ningún insano, solo una criatura que gozaba de pequeños placeres algo únicos. Una vez que el silencio volvió a ser el rey de la noche, fue Craigh quien pasó a la iniciativa y, levantando sus brazos, acercó sus dedos gélidos y largos hacia el rostro de su interlocutor, depositandolos con suavidad en sus mejillas, para entonces entreabrir sus pálidos labios y musitar -¿irte?, acabamos de encontrarnos, dos entre cientos de internos, creo que no es algo casual, hay algo predestinado en ésto... no deseo que te marches, por el contrario, seré yo quien te pida algo de compañía; a decir verdad... yo también estoy algo perdido aquí, me sentí encerrado en los dormitorios y quise salir a buscar algo de espacio, pero la oscuridad me jugó una mala pasada y acabé dando vueltas en círculos, ¿te importaría mostrarme el camino de regreso?- mintió con la seguridad de un verdadero experto, sus ojos, rojizos por los derrames buscaron los del muchacho y su expresión adoptó un tono de suplica; los dormitorios, ¿que mejor lugar que aquel para admirar la variedad de comida que podía hallar?. Una de sus manos liberó el rostro del muchacho y bajó lentamente hacia su mano, tomando suavemente entre sus dedos, los de aquel chico -mi nombre es Craigh, puedo saber el tuyo?- prosiguió con su actuación, en su interior se estaba divirtiendo como un condenado ,aquel juego de mascaras era delicioso, ¿mordería el anzuelo su presa o cedería ante su inseguridad?, si aceptaba, le seguiría sin rechistar, incluso aprendería tanto del chico como pudiese... caso contrario, sus dedos se cernirían sobre el delgado cuello de aquel dulce corderito y... se daría un banquete al aire libre a expensas de la incauta criatura, la decisión era enteramente suya.

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Mensaje por Mikhail Orlov el Jue Oct 15, 2015 10:00 pm

No pudo evitar levantar la mirada ante ese… curioso apodo. Valiente… pues no lo era; pequeño… sí, bastante; ardillita… eso le dio ternura… aunque no entendió muy bien el porqué le había dicho de esa manera y, sin darse cuenta o mucho menos, se le quedó viendo más tiempo de lo necesario, apreciando todo lo que la noche permitía, el rostro ajeno. Siguiendo el cuerpo del otro con la mirada todo lo que su cuello daba cuando éste…ser le rodeaba. Por algún motivo le recordó a un felino grande que rodeaba a otro mucho más pequeño, caminando lento, juguetón, muy divertido al parecer. Y sin tomar en cuenta que seguía sin desviar la mirada inclinó ligeramente el rostro. No se escuchaba molesto… todo lo contrario… le… ¿agradaba? Su presencia… ahí… con él. Eso era extraño… y nuevo, y no le molestaba en lo absoluto.

El pequeño chico juntó sus manos hacia el frente inmerso un poco en sus pensamientos sin dejar, por supuesto, de escuchar al otro, retorciendo las largas mangas y escuchando atento cada palabra, parpadeando cuando era necesario y asintiendo de vez en vez. Él tenía razón… no entendía porque la terquedad de los otros cabecitas de distanciarlos y separarlos como por… zonas, como si animales fueran. Al parecer al contrario no le trataban muy bien… ¿podría ser de esos “habitantes peligrosos”? No… No lo creía…A él le aterraban más los doctores y enfermeras que más control tenían ahí… aunque control fuera significado de poder y autoritarismo… que el chico que estaba frente a él, sonriéndole, amable.

Sonrió suavemente ante ese… ¿cumplido? Rara vez los escuchaba… y más aún los que eran dirigidos hacia su persona, así que lo agradeció bastante en su interior aunque en el exterior solo mostrara ese sutil gesto y ligero brillo que iluminaba sus ojos. Sus manos jugaban pero ya no por nerviosismo, sino por esa ingenua alegría tan extraña para él que en esos momentos, y de manera estúpida, lo envolvía. —Yo… no suelo intercambiar palabras con alguien más… pero… — hizo una pausa tratando de ordenar todas las palabras de emoción que se abarrotaban en su cabeza exigiendo salir al mismo tiempo, no se podía permitir aquello. Ni siquiera él entendía lo que querían decir todas ellas… — …pero me alegra poder platicar con alguien que… se siente un poco como yo… — levantó de nuevo la mirada y se atrevió a sonreír solo un poco más, aunque de primera vista, su rostro pareciera el mismo impasible o temeroso de siempre. Pero ni bien sintió los dedos del otro rozar su mejilla abrió los ojos y petrificó su mirada, dejando de respirar como si fuera ya un mecanismo de defensa o algo similar. Ni cuenta se había dado cuando había hecho ese movimiento… y según él estaba atento a su alrededor, atento y dispuesto a irse. Ajá.

Mikhail  tragó saliva ya que esperaba algún tipo de cachetada, aunque ese pensamiento estuvo presente por segundos. No. No estaba en su casa. No. No estaba encerrado… No… no estaba su padre… No había nada de que temer… o eso decidió creer. Al igual que en las casi dulces palabras de su misterioso y pálido acompañante. ¿Podría ser eso alguna clase de destino? ¿Podría darse el lujo de creer en algo tan utópico como aquello? Pues no sonaba tan mal en su cabeza… No quería que sonara mal en su cabeza…

Asintió ligero y ya más relajado al escuchar que él estaba perdido. Bueno… en eso si podía ayudarle, ya había ubicado el edificio y de ahí él… (¿Cómo se llamará?) podría reconocer el lugar y regresar a su habitación… Podría Orlov al fin ser de ayuda para alguien… —¡Oh! — su voz sonó un poco más animada de lo que normalmente era aunque aún no llegaba a ser el nivel de euforia o alegría que se esperaría en una persona normal… — También me he sentido claustrofóbico ahí dentro y salí… pero me perdí en mis pensamientos y en la vida real… —río a lo bajo tímidamente y le regresó el alma al cuerpo de la tensión de momentos pasados. Se dedicó a verlo, ahora que lo tenía más de cerca; directo a los ojos. Los tenía rojos, quizás le faltaba dormir más… aunque, bueno, en ese lugar eso no parecía posible. Y de nuevo otro contacto que lo hizo estremecerse de terror apareció, ahora en sus manos, luego se obligó a regresar de nueva cuenta a la vida real, lo que ahí en verdad estaba pasando, tranquilizándose inmediatamente. Craigh, ese era su nombre… no lo olvidaría. Asintió ante la interrogativa del otro y soltó un suspiro aliviando el miedo de momentos anteriores. Maldita sea… debería controlarse más… sino toda esa terapia (o lo más parecido a ella) no valdría de nada. — Mi nombre es Mikhail… —apretó ligeramente los dedos como una clase o un intento de saludo y luego deshizo el contacto muy suavemente. Como si de seda fueran sus extremidades. —…y si no te molesta… mi compañía. Puedo servirte de guía al edificio donde yo duermo… Supongo que de ahí podrás ubicar tu habitación… — y, aunque el pequeño no lo externó, tenía una ligera esperanza de volver a ver a aquél extraño pero amable joven. Y, quien sabe, tal vez salir al aire libre juntos o algo. Era raro encontrar a personas con gusto hacia la oscuridad de la tierra. O bueno… hacia su tranquilidad…

Ven… te llevo al edificio… — y se dio vuelta suavemente sin dejar de verlo, solo que ahora su mirada estaba fija en el cuello y clavícula del otro, queriendo subir hasta sus ojos pero sin terminar por atreverse —…si quieres… —y se quedó esperando a que lo acompañara o comenzara a caminar junto a él. Dándole, por unos momentos, la espalda, exceptuando su rostro que estaba ligeramente girado.

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