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Mensaje por Angelina Campbell el Vie Sep 18, 2015 7:34 am


WE ARE DANCING WITH DEMONS IN OUR MINDS

I can't undo what has been done



Madrugada en el Vaticano. ¿O tal vez mediodía? Sin agujas señalando números o luces en el horizonte no es fácil determinar. Tampoco es como si echase de menos el sol y el aire limpio. Se había acostumbrado al hedor de sangre y putrefacción que inundaba la zona desde la morgue y la sala de torturas pasando por las celdas hasta el cementerio. Si contasen con un crematorio deshacerse del pudor sería mucho más sencillo pero, claro, individuos como ella decidirían visitar la zona con demasiada frecuencia.

London Bridge is falling down,
Falling down, falling down.
London Bridge is falling down,
My fair lady

Su cabeza tarareaba la música y pronto sus labios también pronunciaron las palabras, en voz suave y aterciopelada como un ángel murmuró la melodía al ritmo de sus pasos sobre tumbas, profanándolas indiscretamente con bailes y giros. Había empezado a frecuenta aquella zona, tranquila y aislada, un lugar que también había convertido en su caja fuerte personal, escondiendo cerillas y mecheros entre tumbas viejas y cadáveres con un olor lo suficientemente nauseabundo como para que nadie decidiese registrar sus bolsillos.

Build it up with wood and clay,
Wood and clay, wood and clay,
Build it up with wood and clay,
My fair lady


Continuaba la canción haciendo equilibrismo sobre los bordes de la piedra nueva o incluso jugando a pisar únicamente los pequeños terrenos entre lápidas. Ciertamente, aquel lugar no tenía el mismo encanto que los cementerios en lugares abiertos, grises en días de lluvia, con enredaderas y moho entre la piedra y cuervos hurgando entre esta.

Wood and clay will wash away,
Wash away, wash away,
Wood and clay will wash away,
My fair lady

No reconocía ningún nombre pero aún así le divertía imaginar cómo habían muerto, también se fijaba en la fecha y en el tipo de tumba, suponiendo así la edad y el tipo de vida que tuviese, si la tumba es cara tal vez era una persona con una buena situación económica pero si había entrado al manicomio alguien más habría tomado la fortuna tarde o temprano así que alguien, tampoco muy en su sano juicio, lo había apreciado lo suficiente como para pagar una lujosa lápida. Algunos incluso contenían pequeñas frases y fotos.

Build it up with bricks and mortar,
Bricks and mortar, bricks and mortar,
Build it up with bricks and mortar,
My fair lady.

Ya al final del camino encontró su tumba favorita, un verdadero monumento, en realidad, era una construcción en honor a la muerte de una gran cantidad de paciente debido a una plaga tiempo atrás. Sobre el pedestal de piedra estaba la figura encapuchada de la Muerte y su Guadaña, las hondas de su capa creaban una curvatura perfecta para que Angelina se acomodase con las piernas y un brazo colgando, el cabello desordenado entre los huecos de la escultura o cayendo hasta fundirse en la oscuridad del lugar.

Bricks and mortar will not stay,
Will not stay, will not stay,
Bricks and mortar will not stay,
My fair lady.

Miró fijamente el rostro de la Muerte, si es que se puede decir eso, una calavera grabada en piedra, en su tiempo había usado en hueco del ojo derecho para guardar cerillas pero no había tardado demasiado en agotarlas. Pensar en ello la conducía a una frustración insana, con el cuerpo inmóvil en la piedra fría gritaba internamente deseando poder destrozar el monumento. Incluso muertos hay que sufrir un nuevo tipo de autoridad.

Build it up with iron and steel,
Iron and steel, iron and steel,
Build it up with iron and steel,
My fair lady.

En unos minutos la mestiza cerró los ojos, aunque aún consciente, solo quería quedarse dormida para siempre, soñando que la luz volvía a aquel detestable lugar, la luz de mil fuegos consumiendo La Jaula de los Leones hasta derrumbarla y extenderse por la ciudad mientras ella, ya en los brazos de la muerte, pudiese consumirse en el paraíso. Una muñeca de porcelana rota por dentro descansando bajo el filo de la guadaña.

Iron and steel will bend and bow,
Bend and bow, bend and bow,
Iron and steel will bend and bow,
My fair lady.





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Mensaje por Ansel R. Lustig el Vie Sep 18, 2015 11:43 pm

¿Ser o no ser?

Aquella pregunta le seguía resultando cómica por muchos factores, entre ellos las respuestas al unísono, mismas las cuales se pronunciaban en susurros y se apilaban lentamente en su cabeza. Tantas respuestas para una pregunta tan vaga y, aun así, seguía siendo el principio de un sinfín de ideas las cuales transitaban en la mente de muchos otros, así como él… así como ella.

¿Se o no ser?

Esa era la cuestión y el comienzo a un soliloquio el cual se encontraba abarcando el popularismo a las continuas tendencias. Cada tiempo con su respectivo pensamiento, una cadena la cual escapaba la longevidad, atrapando, aprensando, extendiéndose más y más hasta alcanzar aquello lo cual el ser humano a buscado durante tanto tiempo… La inmortalidad.

Un fuerte remezón lo obligó a despertar, sus orbes lograron divisar luces, mismas que se extendían por un largo pasaje. Estas eran débiles, pero al menos servían para guiar el lúgubre camino. Sus labios delinearon una sonrisa a medida en que su cuerpo avanzaba ¿Cómo era que podía hacer eso? No sentía su cuerpo, no sentía sus piernas, no sentía sus pies; pero allí estaba él, caminando lentamente por aquel sendero. Sus orbes volvieron a cerrarse. Su cabeza daba vueltas, pero no era que dicha sensación lo incomodara. La rutina entre el vértigo y un sin fin de emociones las cuales se apilaban en su vientre hasta explotar, un vómito de ira y una mezcla de odio, reemplazaban toda sensación la cual otros consideraban normal. El que su cabeza diera vueltas día a día, eso para él era parte de lo normal.

Sus manos se ajustaron, apretando con fuerza hasta formar puños, pero no sentía absolutamente nada. Juraría que lo estaba intentando, pero no lograba sentir absolutamente nada ¿Qué podía estar mal? ¡Ah! Entre tantos pensamientos encontró la respuesta… ¡Claro! ¡¿Cómo no pudo notarlo desde un principio?! La respuesta era sencilla: Estaba muerto y no era más que un simple fantasma, una entidad etérea la cual se encontraba vagando. Sus orbes volvieron a divisar las luces que se extendían, cada vez más cortando la distancia hacia el umbral que resguardaba las penumbras. Los susurros eran constantes, casi podía asegurar que alguien le hablaba al oído, pero no entendía las palabras. Empezaba a invadirlo el sueño, sentía mucho sueño.

Un hombre de avanzada edad notó el dormitar de aquel cuerpo casi inerte sobre la silla de ruedas. Su mirada se llenó de frustración a medida en que ajustaba el vendaje sobre su ensangrentada mano. No estaba solo, junto a él, otros cuatro más lo acompañaban, aquellos dos que golpearon con una macana, aquel que aplicó el sedante y aquel que se encontraba empujando la silla de rueda, mismo que obligara al joven moreno a vestir la camisa que apresaba la parte superior de su cuerpo. Habían realizado un trabajo muy bien coordinado; sin embargo, aún no lograban eliminar las probabilidades de daños, y esa era la frustración. ¿Tenían nombres? Bueno… ¿Qué podía importarle al moreno? Solo era un fantasma, los muertos no necesitaban conocer nombres; aunque daría la pierna izquierda por dejar de sentir esos molestos remezones, le quitaban lo divertido al concepto de lo etéreo.

Su marcha finalmente se detuvo, el susurro se hizo más claro, pudo escuchar un sonido metálico, una pesada puerta la cual era abierta, seguida de una fría corriente de aire la cual azotó contra su rostro. El aroma era distinto, eso pudo distinguir casi al instante, le resultaba familiar, demasiado familiar; mas no era razón  suficiente para despertar. Estaba demasiado cansado, intentar abrir sus ojos estaba muy lejos de su interés, pero su cuerpo, aun en contra de su voluntad, retomó su marcha. Ser un fantasma, sin lugar a dudas era algo difícil o al menos eso pensó.

¿Ser o no ser?

Esa era la cuestión del día, pero no era una cuestión que le perteneciera, ahora era problema de aquellos que acompañaban su marcha. El trabajo no había sido tan bien coordinado como lo esperaron y tuvieron que entrar en debate. Bueno ¿Qué podía importar? El moreno dormía, estaba drogado y era muy seguro que no abandonaría su estado “etéreo” durante un largo, al menos eso fue lo que pensaron, y por tal razón, el cuerpo fue dejado por un instante sin supervisión. Los susurros se hacían cada vez más distantes, pero las voces, no. Aquellas voces familiares se hacían más fuertes, más claras, más incomodas, más demandantes.

“¡Despierta! ¡Despierta!” Repetían una y otra vez “Alguien está allí, esperando”, “Ella lo dijo, una y otra vez”, “Tuviste miedo, lo sé”, “¡Asesino!”, “No está en tus manos, está en manos de Dios”, “¿Qué es lo que más anhelas?”, “Ella solo quería un gesto de amor”, “Silencio… ella te oirá”, “¿Lo encontraste?”, “Eres un fracaso para la familia”, “Miren, es el hijo bastardo”, “No abras los ojos, solo escucha mi voz”, “¿Esto era verdad?”,  “Las campanillas de invierno…”

Sus doradas orbes resplandecieron entre la penumbra del lugar, despertó angustidado, su cuerpo tiritaba y no era precisamente por el frío. Era el llanto, ese llanto que lograba escuchar, el llanto de un niño, un llanto que retumbaba en su cabeza y estremecía todo su ser. Intentó liberar sus manos con desesperación, necesitaba sentir sus manos, pero estaban prisioneras, su cuerpo no reaccionaba como él quería, todo se encontraba demasiado borroso y confuso. Levantó la mirada hacia el cielo, algo estaba presionándolo en su interior, tenía demasiado miedo, quería ir a casa, necesitaba ir a aquel lugar y rápido, pero era tarde, su cuerpo comenzó a sacudirse con violencia a causa de una convulsión imprevista. Los movimientos hicieron que su cuerpo se precipitara hacia el suelo, se sentía completamente perturbado al no saber que ocurría, no podía respirar, se estaba ahogando. Continuó retorciéndose de costado, comenzando a vomitar, al menos sintió un ligero alivio, pero no era lo suficiente para quitarle el pavor que le estaba produciendo el no poder respirar. Volvió a vomitar, esta vez logrando despejar un poco esa dificultad, seguido de constantes eructos y exceso de saliva.

Su mirada buscaba en varias direcciones algo en particular, quizá se trataba del miedo, quizá solo era una reacción natural, pero no lograba distinguir absolutamente nada; sin embargo… sus oídos capturaron una voz, esta era demasiado suave, casi imperceptible por la distancia, pero sin lugar a dudas, se trataba de un canto. Su conciencia se aferró como pudo a la voz, fue su punto de partida a sus intentos de calma, y poco a poco, su cuerpo, comenzó a detenerse. Las convulsiones comenzaron a disminuir, la calma regresó a su cuerpo, como también a sus pensamientos.

Se mantuvo acostado sin hacer algún mínimo movimiento, sus largos cabellos cubrían prácticamente la mitad de su rostro, agitándose levemente con cada respirar. Realmente se sentía muy cansado, pero debía seguir aquella voz, las voces se lo pedían, las sombras a su alrededor lo obligaban. Intentó arrastrarse con los pies a falta de poder emplear sus manos, pero se detuvo, tosiendo nuevamente. Debía avanzar rápido, la voz empezaba a desaparecer a lo lejos. Rodó de costado hasta quedar boca abajo para tener mejor estabilidad, poniéndose de pie nuevamente, pero con mucha dificultad. Miró sus piernas, estaban allí, justo allí, pero no podía sentirlas del todo, aun así, avanzó. Tambaleándose un lado a otro, cayendo y volviendo a levantarse, una y otra vez, impulsado por la simple desesperación a los susurros que arremetían en su cabeza. No quería oírlos a ellos, quería oír aquel canto, quería oír aquella voz la cual era distinta a las demás.

Se detuvo un instante para recuperar el aliento, para recuperar un poco de calma, un poco de todo, pues lo necesitaba y con urgencia. Su cuerpo se mantenía curvado con la mirada fija al pavimento, pero se vio forzado a levantarla al oír nuevamente el canto.

¿Lo había logrado?

Sus orbes se abrieron grandes y expresivas, mientras una sonrisa enferma se dibujada en sus labios. Estaba frente a la muerte, no necesitaba ver con total claridad la enorme figura de esta. Sin lugar a dudas era la muerte ¿Realmente se había convertido en un espectro? Comenzó a reír sin restricción; mas su risa no fue prolongada pues notó que algo más se encontraba en aquella imagen. Una silueta la cual se encontraba en reposo, por lo que atinó a preguntar:

-¿Tú… también has muerto?-

Volvió a bajar el rostro, intentado liberar su cuerpo y luchar contra el letargo que producían las drogas en él.


Última edición por Ansel R. Lustig el Lun Sep 21, 2015 10:58 am, editado 1 vez

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Mensaje por Angelina Campbell el Sáb Sep 19, 2015 9:29 am



El silencio es algo que nunca le ha molestado a la mestiza, al contrario, solía disfrutarlo. Lo que no puede soportar son las multitudes de personas conversando y riendo o los murmullos de dementes en las celdas contiguas. La cosa es diferente cuando se trata de aullidos de personas consumiéndose en fuego a sus pies, o algo tan simple como la música. Las canciones de niños siempre han tenido un encanto especial, sencillas y suaves como nanas sonaban bien a capella o en cajas de música, pequeños instrumentos automáticos que no había visto desde su llegada al Vaticano.

Build it up with silver and gold,
Silver and gold, silver and gold,
Build it up with silver and gold,
My fair lady.


Plata y oro. Estaba en un lugar de hipocresía donde aquellos con mantos de oro y cubiertos de plata se atreven a juzgar a los demás y ruegan por misericordia mientras sus propias voces siempre fueron las que iniciaron atrocidades mayores que cualquier delito que Angelina hubiese cometido. Y allí estaban ellos, encarcelados bajo tierra y usados como conejillos de indias para nuevos progresos de "medicina".

Silver and gold will be stolen away,
Stolen away, stolen away,
Silver and gold will be stolen away,
My fair lady.

El día llegará en el que Dios no escuche las plegarias de sus fieles seguidores que pagan por sus pecados a manos de los marginados. El oro y la plata desaparecerá hasta caer en manos de otro desgraciado o, con suerte, irá a alguien que sepa hacer uso de él. Pero para entonces el cuerpo de la joven se habrá convertido en polvo pues La Muerte ya la mece entre sus brazos.

Set a man to watch all night,
Watch all night, watch all night,
Set a man to watch all night,
My fair lady.

Continuando la canción escuchó a alguien acercarse pero no se movió, aún consciente su cuerpo se negaba a deslizarse al suelo. Con los ojos cerrados escuchó como el sonido se intensificaba, se estaba acercando. ¿Qué pensaría alguien al verla allí? Un trabajador sin duda la arrastraría a su habitación de nuevo sin querer saber los motivos, un enfermo puede que se fijase en ella, dependiendo del nivel de locura pues algunos parecen carecer de cualquier tipo de percepción.

Suppose the man should fall asleep,
Fall asleep, fall asleep,
Suppose the man should fall asleep?
My fair lady.

Las pisadas se detuvieron y una voz masculina retumbó por toda la sala, con el eco podía escucharse hasta la más mínima corriente de aire. ¿Muerta? ¿Por qué preguntar a alguien si está muerto y esperar respuesta? Buen día será cuando un cadáver use sus cuerdas vocales sin que su corazón palpite.

Give him a pipe to smoke all night,
Smoke all night, smoke all night,
Give him a pipe to smoke all night,
My fair lady.

Terminó así la canción y tras unos largos segundos de silencio abrió los ojos lentamente, mirada afilada y ojos tan rojos como la sangre en sus venas. El iris paseó de un lado a otro inquieto hasta encontrar dos luces doradas en la penumbra. Ojos de Gato. Aunque su cuerpo no se movió ni un milímetro los ojos no dejaron de moverse alrededor hasta fijarse en la mirada del desconocido.

- Para morir se necesita un alma que condenar -respondió suavemente, con la misma voz que había cantado una melodía infantil pero su rostro no mostraba ningún tipo de emoción. Angelina volvió a cerrar los ojos durante un momento y volvió a abrirlos con la vista fija en el techo, con los labios cerrados repitió la música a un ritmo suave.



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Mensaje por Ansel R. Lustig el Lun Sep 21, 2015 10:57 am

Su mirada perdida apuntó hacia el cielo en un intento de “elevarse”. Era absurda la sola idea, pero allí estaba el, intentando alcanzar sus propias creencias. Simples delirios entre breves bostezos de abulia que acompañaban su figura desalineada. No intentó pensar en algo más allá de lo que otros podrían llamar obvio; sin embargo las palabras de la joven silueta tenían coherencia. Por alguna extraña razón si lograban encajar entre las diversas conversaciones que circundaban su mente. Se encogió de hombros mientras inclinaba el rostro, tratando de alcanzar con su mejilla, aquella parte de su cuerpo antes de moverse de manera irregular, un ligero estremecer en la parte superior de su cuerpo, cautivo por la prenda. Se trataba de solo una manía involuntaria, un reflejo inconsciente el cual llegaba de la nada en sus ligeros momentos de estrés, pero volvió a su postura inicial, buscando entre sus ideas lo más cercano al concepto de la palabra “alma”.

Una lágrima se deslizó por su mejilla; mas su expresión era neutra, como si el dolor o algún otro sentimiento, se encontrara fuera de su alcance. No había una respuesta certera, las voces habían guardado silencio, y sin más, se sintió completamente solo y vacío. Paseó sus orbes por aquel lugar sin tener idea de donde se encontraba. Su visión era distinta a la de los demás, todo era… oscuro. Sombras paseaban a su alrededor, en aquel lugar no existían paredes ¡no se encontraba entre cuatro paredes! Pero no era muy distinto a dicha prisión. Miró con detalle la superficie en la cual se encontraba de pie y bajo sus pies, no existía el pavimento, mucho menos el verde del gras o el natural de la tierra. Bajo sus pies se extendía un largo sendero de agua. Si, se encontraba caminando sobre agua, pero no percibía la humedad, no sentía aquel frescor invadir sus fosas nasales, el aroma era distinto mas no ajeno.

-¿Ellos… me… la robaron?-

Su expresión cambió a la más pura perturbación, su cuerpo tiritó a causa del miedo ¿Dónde estaban todos? ¿Quién o qué era aquella silueta la cual descansaba junto a la muerte? ¿Qué había hecho él para merecer todo eso?

Retrocedió lentamente mirando a todos lados, forcejeando por ganar la libertad de su cuerpo, la libertad de sus manos. Intentó arrancar las prendas con sus dientes en la desesperación, repitiendo una clara negativa, un pronunciado “¡no!”. No estaba dispuesto a aceptarlo ¿Que era él entonces? ¿Estaba vivo o estaba muerto? ¿Quién le había arrebatado el derecho?

-¿Ellos… robaron… mi alma?

Cuestionó a las voces, a las sombras, a todo aquello que abarcaba ese mundo en total oscuridad, aquel en el cual solo había agua sobre senderos  extensos e interminables; pero no hubo respuesta, solo el silencio, un silencio el cual poco a poco era ocupado por aquel canto. Claro, tenía por qué ser así. Sus pasos se detuvieron, no continuó su retirada. Debía existir una forma de volver. Debía encontrar aquello por lo cual se encontraba en ese mundo, era algo demasiado preciado para ella, no podía abandonarlo, debía seguir la búsqueda, no podía detenerse.

-¿Es por eso que no puedes condenarme?-

Cuestionó una vez más, acercándose y cayendo de rodillas frente a la enorme figura que sostenía a la pequeña silueta. No se sentía con vida, pero tampoco estaba muerto, entonces… ¿Qué eran ambos? El y ella.

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Mensaje por Angelina Campbell el Lun Sep 21, 2015 6:54 pm

El cuerpo inerte de Angelina pero no por tanto fallecido seguía sin moverse bajo la mirada vacía de una Muerte de piedra. Como su tierna infante o una triste amante su cuello descansaba entre dedos huesudos y firmes mientras el resto de su cuerpo parecía acurrucarse junto al manto negro de su figura, tan oscuro como las propias prendas de la mestiza y su cabello, larga cortina de hilos quietos. Su piel, blanca porcelana, gran competidora de aquellos que no tienen pulso. Sin mejillas rosadas, ni siquiera un leve movimiento de su pecho que probase su respiración constante.

Hell is empty and all devils are here.

Tal vez Angelina estuviese destinada a ser la eterna compañera de la Muerte, mirándose a los ojos cada vez que se encuentran, efímeros instantes entre ambos solo visibles más allá de las llamas. Tal vez fuesen sus susurros la imparable tentación de usar un elemento tan salvaje como el fuego. O tal vez fuese su propia voz la que invitase a La Muerte a acercarse para tomar las vidas de aquellos alrededor de Angelina. Sin importar quien comenzase esta relación platónica nadie podría encontrar forma de terminarla y, mientras su corazón palpitase, lo más cerca que podrían estar es tendida en sus brazos de piedra.

Escuchó la voz consternada del intruso, aquel que osa interrumpir el letargo de la joven en su santuario. Sin duda se trataba de un paciente, un enfermo, pero incluso entre ellos su actitud difería de lo normal. ¿Habla la locura o la pura mente? Los rubíes volvieron a ver la luz, si es que se puede llamar luz al pequeño fulgor iluminando el lugar, aunque incapaz de disipar todas las sombras.

- Eso es  -dijo seriamente incorporándose un segundo después, poco a poco, la falda que de costumbre cubre hasta sus rodillas se deslizó hacia abajo enseñando sus muslos. Su rostro estaba junto a la calavera de la estatua, sentada aún sobre su regazo miró al hombre de ojos dorados. Su brazo subió por el hombro de la figura hasta su cuello mientras la mano contraria seguía el recorrido por el lado opuesto, abrazando la estatua con confianza apoyó la cabeza en su pecho y clavó sus ojos en el desconocido- Sí es posible -continuó aún inexpresiva, no le divertía las expresiones confusas de personas angustiadas por sus propias mente, no era ningún tipo de satisfacción y tampoco se esforzó en ser amable, no esta vez, no ahora.

Se mantuvo observándolo durante largos minutos y luego volvió a moverse, o más bien deslizarse lentamente, su cabello enredado entre las arrugas de la sólida túnica de la estatua. Angelina giró la cabeza para observar el perfil de la calavera, tocándola como si fuese algo preciado- Nadie robó tu alma -empezó a decir con cierto tono exasperado- Tú la tiraste, desagradecido, patético -volvió a mirarlo, esta vez con mayor rabia- ¿Y aún tienes exigencias? ¿Quieres ser condenado por tus pecados? -una mano siguió moviéndose hacia la guadaña negra, acariciando el mango y subiendo poco a poco hasta la enorme hoja- ¿Para qué condenar tu alma cuando se puede castigar tu conciencia? -volvió a decir con la punta de los dedos rozando la parte afilada del arma tratando de imaginar lo magnífica que debe ser la verdadera, sus ojos brillaron. Pero pronto volvieron a la seria neutralidad cuando dirigió la mirada en el arrodillado hombre- ¿Qué quieres, intruso? Con tu cuerpo sin alma ni un pacto con el diablo puede ayudarte. Suplica tus deseos y lárgate. ¿No es eso lo que hacen con el otro? -dijo sarcástica refiriéndose a cualquier tipo de divinidad- Ruega como uno de ellos a lo único que te acogerá cuando también te deshagas de tu cuerpo.




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Mensaje por Ansel R. Lustig el Mar Sep 22, 2015 11:40 am

No comprendía del todo lo que aquella silueta intentaba decirle, pero sintió cierta molestia al ser acusado. Lo que había dicho era una total mentira. Nunca sería capaz de tirar su propia alma, tenía que ser un error, eso era imposible dado que su alma estaba atada a otras dos. Se encogió dejando impactar su frente contra el pavimento, pero claro, en su propia realidad, solo se encontraba sumergiendo su rostro en agua. Sentía algo extraño en su cuerpo, realmente se sentía mal, las náuseas eran constantes al punto de tener que lidiar con un sofocamiento que empeoraba su estado. Supuso que tenía relación con el hecho de haber perdido su alma, de ser ese el caso, entonces se sentiría mejor una vez que la recuperara o tomara una de manera provisional.

Presionó su vientre tratando de callar los fuertes gruñidos que provenían de este. Su cuerpo volvió a elevarse, corrigiendo su postura ante aquella figura que, en sus delirios, se asemejaba a la muerte. Sus lastimados labios delinearon una macabra sonrisa mientras sus largos cabellos tapaban gran parte de su rostro -¿Pecados?- cuestionó a medida en que las voces regresaban, apilándose una vez más en su mente. ¿Cuántas veces había escuchado esa palabra? Fueron tantas que la sola mención le producía asco.

Gotas de sangre invadieron su rostro, el golpe contra la superficie había logrado un pequeño corte en su piel. Una vez alcanzaron sus labios, degustó aquel sabor metálico con la lengua, al mismo tiempo que su mente procesaba semejante pregunta. ¿Qué era lo que quería? Solo necesitaba una respuesta y la había encontrado en dicha pregunta. En aquel mundo, no podía ser juzgado, no estaba muerto, pero tampoco estaba vivo. La muerte no podía tocarlo, ella lo había dicho, era un intruso en un lugar al cual no pertenecía y creía saber porqué. Se puso de pie una vez más, confirmando las presencias que se encontraban a su alrededor, aquellas sombras que lo mantenían en vigilancia dentro de su imaginación, observando con ojos negros y profundos, sonrientes y burlonas -Pecados…- repitió en un leve susurro, volviendo a frotar su mejilla contra su hombro -No existe tal cosa como… el pecado… eso… ella… ella solía decir que todos fuimos creados a imagen y semejanza de un Dios. Fueron… fueron los hombres quienes… fueron los hombres quienes inventaron los pecados… fueron… fueron…- guardó silencio una vez más mientras las sombras movían los labios al unísono, dejando escapar las palabras de estas en un suave susurro -Fueron ellos quienes mintieron para evitar que otros hombres pudieran convertirse en Dios-

Su rostro giró lentamente hacia la izquierda, algo había llamado su atención, una pequeña silueta escondida entre las sombras que ocupaban su mente, ante él una pequeña niña se revelaba mientras estelas de luces divagan flotando alrededor. Los labios de la niña se entre abrieron y de estos la voz de una mujer se pronunció.

"Destroza, masacra, devora las almas de todos. No intentes escapar del hambre… Nunca podrás escapar del hambre."

Apartó la mirada, pensativo, mientras la niña seguía pronunciado palabras las cuales empezaban a resultarle difícil de comprender. -Un Dios nunca será pecador… sin importar lo que haga- ese era el mensaje -Necesito seguir devorando más almas… Es la única manera de convertirme en Dios- pronunció, con una extensa sonrisa mientras su estomago rugía de hambre.

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Mensaje por Angelina Campbell el Miér Sep 23, 2015 10:04 am

Con una mueca de disgusto se dio cuenta de que estaba ante alguien que había perdido totalmente el juicio, incapaz de distinguir realidad de ilusiones. Abundaban esa clase de personas en La Jaula y por eso Angelina odiaba aquel lugar pues nadie parecía tener conciencia de lo que hace y dice al contrario que ella quien siempre tiene sus sentidos en funcionamiento y eso mismo la hace más peligrosa.

Aún así no podía negar que le gustaba verlo de rodillas, al menos al principio, pues algún cable en su cabeza debió cruzarse para que empezase a golpearse contra el cemento, inconsciente de la sangre que caía desde su frente más tarde.

Ella. El chico de pelo negro seguía murmurando cosas sobre Dios, tema que poco le importaba a la inglesa por no decir que despreciaba por completo, nunca ha tenido ningún respeto sobre el tema y tampoco en lo que concierne a iglesias y santuarios.

- No me lo puedo creer -dijo riendo y colocando una mano en su rostro- ¿En serio crees esas historias? Qué decepción -siguió diciendo mientras se ponía en pie y con una mano sujetando la tela de su falda se deslizó hacia la tumba contigua, y luego otra y otra, pies descalzos sobre piedra fría y húmeda pero aún así ágil.- Dios es solo un cuento para que la gente obedezca como corderos. "Si eres un perro fiel irás al cielo". -se detuvo frente a otra tumba, esta tenía la figura de un ángel y estaba justo a la derecha del intruso, imitando la postura el cuerpo de Angelina se apropió de las alas que en la oscuridad la hacía ver como un ángel negro, un caído.- ¿Y tú dices de convertirte en Dios? Eres patético.

Mirando una vez más el aburrido rostro del ángel retomó su lugar junto a la Muerte, la cabeza justo debajo de la huesuda barbilla y las piernas un poco encogidas sobre el saliente de la piedra.- Si eso es todo lárgate intruso -empezó a decir con voz aburrida y rostro de desdén- No eres digno -fueron sus últimas palabras antes de ignorar la locura del hombre sin nombre y sumergirse en la propia.



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